domingo, 19 de diciembre de 2010
martes, 14 de diciembre de 2010
Palabra y Orgullo
Pienso que no hay nada más democrático que la palabra. En estos tiempos en que fluye tan rápida y veloz por vías internáuticas, a muchos nos llega, y muchos la hacemos servir. Al utilizarla, en nuestra intimidad, para comunicarnos con un posible lector anónimo, muchos experimentamos un orgullo debido a la expresión del propio yo. La palabra tiene música, y al componer nuestra propia partitura todos nos sentimos los mejores directores, aunque sea por un breve espacio de tiempo. Puede que a muchos nos ciegue momentáneamente esa gloria, pero es que nos rescata de la masa y nos hace creer únicos.
En la red oímos una polifonía que también se encuentra en la lectura de libros, pero en Internet no se asiste a un recital de escritores consagrados, sino a un coro de pequeñas voces que se alzan también para sentir ese pequeño placer que produce la comunicación por escrito. Muchos de nosotros repasaremos o no lo escrito, tal vez nos encontraremos con verdaderos extraños, y nos preguntaremos: ¿cómo pude escribir eso? Esa misma pregunta, tal vez, ya se la está realizando algún lector más crítico; pero es que la red no pertenece tan sólo a las almas grandes, a las destinadas a pasar a la inmortalidad, la red pertenece a todos, orgullosos de expresarse o no.
La Fisgona Indiscreta
lunes, 13 de diciembre de 2010
El sueño de Cipralex
La Fisgona Indiscreta medita: "El sueño de la razón provoca monstruos, y si tomas Cipralex, se multiplican."
miércoles, 8 de diciembre de 2010
El Molino reabre las puertas
La Fisgona Indiscreta recuerda todavía aquella asociación creada para salvar el Molino. Querían renovarlo para que fuera un teatro para el barrio. Y el Molino se salvó. Y el sueño se trasformó. Hay dos tipos de precio de entrada, una que te da derecho a copa-espectáculo y que sale por 38 euros; y otra, en la que saboreas una cena de diseño mientras aplaudes por tan sólo 78 euros. Y todo eso en 90 minutos. El Molino ya no enseña ni teta ni culo, tampoco abusa de juegos de palabras picantes. Está más acorde con los nuevos tiempos. Esos tiempos un poco fríos, como la tecnología de la que hace alarde, y como la precisión con la que el espectáculo muestra la historia del mismo teatro. Ya no hay sitio para la improvisación. Pero las lentejuelas, las boas, las plumas, convierten a ese pequeño escenario en un paraíso de frivolidad y por unos instantes te hacen olvidar que hay un mundo fuera que no deja de hablar de la Crisis. No sé que tipo de espectáculo puede relevar al que hay en la actualidad. No sé hasta cuanto tiempo un show de cabaret puede seguir creando colas como las que se contemplan ahora. Tal vez, las sesiones del martes en la que se puede gozar de flamenco me puedan dar una idea. O tal vez, se debería dejar que a las bedettes, como la Terremoto de Alcorcón, tuvieran más tiempo encima del escenario para liberar la gracia característica de las grandes; y desechar los video clips con los que se llena un espacio que enlentece. De todas formas, la Fisgona Indiscreta volverá a ocupar una de sus butacas. Y lo picante para la cola, donde un público de ayer visita el escenario de hoy, y explican como era antes el Molino -de verdad y sin artificio- y que en el Bagdad se come buen marisco: a un hombre le comen la "cigala" mientras saborea una sabrosa almeja.
viernes, 3 de diciembre de 2010
El viaje a Italia
Estaba yo en Roma el 26 de nobiembre de 2010, cavilando entre las ruinas del Capitolio mientras un grupo de japones cliqueaban en pequeñas cámaras retratos que olvidarán en archivos de ordenadores obsoletos, cuando me vino por primera vez a la imaginación la idea de recitar en voz alta el siguiente poema de Quevedo:
Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí propio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino,
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.
Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepoltura
la llora con funesto son doliente.
¡Oh, Roma, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.
Multitud de razas dirigieron la mirada hacia mí. Algunas fruncieron el entrecejo cuando escucharon "Roma", otras sonreían ante la cadena de sonidos que yo proclamaba. Sentí algunos flashes sobre mi figura impertérrita. La misión en Italia concluía. Volví a la multitud y me camuflé en ella.
lunes, 22 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
El retorno de la Fisgona Indiscreta.
La Fisgona Indiscreta decidió adentrarse en la Naturaleza por dos semanas, duró cinco días. El primer día tenía decidido escapar del ruido de la ciudad; ese ruido constante que ensordece las súplicas del cuerpo que necesita otro espacio y otro tiempo. Es el tiempo sin tiempo del niño. Cogió una mochila, un saco de dormir y una tienda de acampada marca Quechua, se compró un billete de tren y se fue sola cerquita, al Pirineo Catalán. El trayecto del viaje se le hizo corto, estaba con el alma pletórica en busca de esa paz anhelante y que tan evasiva resulta en Barcelona. Llegó a su destino en plenitud de su fuerzas, y comenzó el senderismo. No quería mapa, seguiría tan solo a su instinto para que le guiara, y lo único que hacía era apartarse de cualquier trato humano. Caminó y caminó, hasta que se hizo de noche. Lanzó al suelo su automática tienda y durmió de lo cansada que estaba. Al día siguiente se daría cuenta de que había aterrizado al lado de una autopista. Aquello tenía poco de bucólico, así que sin ducharse y sin desayunar decidió seguir su periplo. Por fin llegó a un lago. En un ricón apartado se instaló. Por primera vez respiró aquello que anhelaba. Los primeros minutos fueron dichos, los segundos inquietantes, y en los terceros se preguntaba qué hacía allí. ¿Tenía como misión encontrarse así misma? ¿Y qué encontraba en el silencio de la naturaleza? Una intranquilidad que día a día se fue convirtiendo en miedo. Miedo a los ruidos, miedo a encontrarse con alguien, miedo a no poder volver, miedo a volver, miedo al hambre, miedo a que le pasara algo, miedo a que la violasen, miedo y más miedo. Ni comunión ni experiencia mística ni na de na. Los días se alargaban en una eternidad, y se acordaba de los libros que tenía por leer, la música que debía escuchar, los amigos que quería visitar, los familiares a quienes tenía que decirles algo. Comía cuando tenía hambre, bebía cuando tenía sed, y dormía cuando el sueño la visitaba, así que comía mucho, bebía bastante y dormía a todas horas. Cuando el contacto con la civilización se le presuponía huraño se percató de que aquella experiencia iba a cambiar su personalidad. Una personalidad imperfecta, pero que le iba a ser arrebatada, así que decidió volver. Lo que iban a ser dos semanas tan sólo fueron cinco días, cinco días que le resultaron cinco meses o cinco años. Y cuando llegó a casa, se dio cuenta que era precisamente allí donde más a gusto estaba, con la televisión, la radio, los libros, la nevera, la cama, el sofá, el teléfono,los cuadros. Fue besando cada uno de los objetos que la rodeaban, mientras murmuraba: Et in Arcadia ego.
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