Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí propio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino,
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.
Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepoltura
la llora con funesto son doliente.
¡Oh, Roma, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.
Multitud de razas dirigieron la mirada hacia mí. Algunas fruncieron el entrecejo cuando escucharon "Roma", otras sonreían ante la cadena de sonidos que yo proclamaba. Sentí algunos flashes sobre mi figura impertérrita. La misión en Italia concluía. Volví a la multitud y me camuflé en ella.
