Desconozco las causas de por qué La Fisgona Indiscreta huye a eventuales paraísos, si son para ella como una medicina con demasiadas contraindicaciones. Esta vez el "oasis" se encontraba en un pequeño pueblo de Soria donde se ubica un pequeño templo budista. Soria es Soria, y el Templo es un templo, como cualquier otro. La Fisgona Indiscreta, rodeada de gente tan amable, algo le hizo sospechar que pensaban mal de ella. Debido a la excesiva tranquilidad se le agudizó la manía persecutoria. Tampoco el cuerpo terminaba de relajarse, porque levantarlo a las seis de la mañana para meditar y hacer yoga no era algo a lo que estuviera habituado. Lo intentó el primer día, también el segundo, el tercero ya no podía con su alma zen, y el cuarto lo mandó todo a pasear. Así que de nuevo está en Barcelona, con más dolores de espalda que con los que se fue, y con ese vacío existencial que le acompaña allá donde fuese. Menos mal que para llenarlo, tiene el arte. Así que viene con más ganas que nunca de ir al cine, visitar museos, comprarse libros, y comer en todos los restaurantes que no sean vegetarianos. Y como propósito de nuevo año, jura solemnemente no abandonar por mucho tiempo esa ciudad, Barcelona, de la que está profundamente enamorada, a pesar de los defectos.