La Fisgona Indiscreta no es economista, así que no puede valorar el impacto mundial que tiene esta crisis. Pero oye un rumor que recorre las calles, las ciudades, los países, que se repite como un eco en boca de muchos, y dice así: no nos lo dicen, pero la cosa está mucho peor de lo que anuncian. Quienes formulan las siguientes palabras lo susurran como un secreto, como algo que tan sólo comparten con el oyente, como si se tratara de un interlocutor cómplice. Y éste se hunde en un abismo de incertidumbre y de pesimismo: es todavía peor de lo que anuncian los periódicos, la televisión, Internet. ¡Dios mío! Y la Fisgona se pregunta: para qué nos sirve tanta información sino estamos realmente informados. Y es cuando la vida es sueño se convierte en la vida es una pesadilla paradójica. La Fisgona opta por no creer a nadie, ni al interlocutor-espía, ni a los periódicos ni a la televisión ni a Internet. Y si algún día todo se va al garete, optará por emigrar a un lugar donde nunca pase nada, como uno de los protagonistas de Los detectives salvajes de Bolaño. Y allí será feliz. Ese lugar lo llamará Jauja; pero tal vez se aburra pasado un tiempo, y decida sumergirse otra vez en esas aguas de crisis de las que algo bueno debe salir: un pequeño tronco, una barca a la deriva o una isla tropical. Y si no es así, todos a la mierda, y ya está.